Este agosto ha tocado vuelta a los tiempos mochileros con un plan Interrail. Sí, no es un error, ya no hay límite de edad. Así que viajecillo por Europa con la ruta Milán-Venecia-Budapest-Cracovia-Praga-Amsterdam. Albert, Roger, David, Javi, Xavi y quien escribe, seis tipos de treintantos de hostal en hostal y de coche-cama en coche-cama. A estas alturas.
Dejando a un lado las andanzas de los viajes, algo que ocurre visitando lugares conocidos -al menos a mí- es el constante tropiezo con escenarios cinematográficos disfrutados en la gran pantalla. Nada demasiado original, pero que permite viajar doble, al lugar físico y a recuerdos de años pasados, en el momento de ver esta o aquella película.
En la foto ando recordando los tiempos de Indiana Jones en busca del Santo Grial. Había tomado un plato de pasta recalentada cuando me vi frente a la iglesia en cuyo interior Harrison encontraba una gran “X”. Por supuesto, no hay ni rastro de ella dentro. Como tampoco encontré por ninguna parte la alcantarilla de la que el arqueólogo salía topándose con un montón de turistas.
En Cracovia transcurría hace años “La doble vida de Verónica”, y para el cortometrajismo aragonés, es destacable en la ciudad la constante presencia del título del corto del señor Tausiet, “Koniec?”, o lo que es lo mismo, “fin” en polaco. Por no hablar del recuerdo obligado de “La lista de Shindler”, que inevitablemente complementa mentalmente la visita a los impensables campos de Auschwitz-Birkenau. En Praga habrán rodado montones de películas, pero la primera de “Hellboy” es una de las que me generan buenas vibraciones y que tuvo a la capital checa como escenario de alguna de sus secuencias. Y de Amsterdam guardo el curioso recuerdo ochentero de “Amsterdamned”. Tengo una pésima memoria, pero aquello de los misterios en los canales me debió calar.
Xavi se ha currado un buen fotolog del viaje, películas aparte.





Escrito por josefluzo 

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