Una de las cosas que nos ha tenido entretenidos en Cosmos Fan este último mes y medio ha sido el montaje del vídeo de Ángel Petisme, para su nuevo disco “Río Ebrio”. Un trabajo fruto de la colaboración del propio Ángel, Josema Carrasco, sus geniales ilustraciones y toda la pandilla cósmica. Así que ahí están, nuestros pasitos en el mundo animado gracias al trabajo de Enrique Marcuello y Andrea Valdecantos. Y por aquí han andado también Ainhoa y Bruno, cómplices en el asunto. Gracias a todos.
A continuación unos ejemplos recientes de trabajos en los que los personajes se dirijen a ti, querido espectador. En común tienen el estar hechos por coleguillas del medio. Y tal y como está la cosa… buenos, bonitos y baratos.
Por un lado, tanto si eres aragonés como si no, no puedes dejar de ver lo que podría ser la realidad futura de ésta mi especie. Lo tienes en YouTube o en la propia web perpetrada por David Terrer.
Si has visto “Cromos” y no puedes aguantar sin saber algo nuevo de M.A., ahí va este trabajo de Queco Ágreda, grabado con una digital 8 viejuna que pasaba por aquí. En nada, debería estar colgada en la web de Escorto.
Y no podíamos acabar sin otra cita -para que aumenten más las ventas si cabe- de la trilogía “La Puerta Oscura”. Porque sí, el amigo David Lozano -coprotagonista también de la aventura cromística- se autopromociona con una cámara delante. Como se dice por aquí, vale un valer.
Del 20 al 26 de abril, aquellos que no hayan visto “Cromos” y todavía lo estén deseando, no podrán decir que no hay oportunidades. Los pases serán en Zaragoza en el Cine Club Cerbuna a las 9 de la noche. Así que para animar a quien tenga dudas, ahí van los créditos que se curraron la gente de Shaking Box con música de Socarracristos y sonorización de Steve Miller.
Antes de nada, tengo que felicitar y agradecer a la muchachada de 2º P, sus profesores y colaboradores por el sarao de ayer… Ellos ya saben a quiénes me refiero y por qué lo hago. Lo sé, amigos lectores de este blog-medio-de-comunicación-de-masas, es horrible mencionar “secretitos” en un post, pero haré esta excepción.
Y ahora, mis pensamientos generales del momento. Un poco de “Lost” y un poco de “La Puerta Oscura”.
Para quienes no son seguidores de “Perdidos” / “Lost”, sé que resultamos algo pesados cuando los que sí lo somos hablamos con verdadera pasión sobre la serie. Pues bien, toca ración de isla.
Y aunque mi pensamiento sea concreto y corto, siento la necesidad de compartir la satisfacción que esta serie me está aportando los últimos años. Y qué digo satisfacción, el otro día viendo el capítulo noveno de la quinta temporada, “Namasté”, tuve claro que ésa no era la palabra. De lo que estoy hablando es, simple y llanamente, de “felicidad”. Sagas como las de “Perdidos” tienen momentos que me producen una felicidad automática [mini-spoiler entre corchetes: como la escena de Lapidus aterrizando un avión comercial con destreza o Sawyer y Hugo abrazándose junto a la Volkswagen azul]. Será frívolo vincular ese sentimiento a un producto de ficción televisivo, pero como de felicidad todo el mundo habla y nadie acierta a dar las claves de cómo conseguirla, yo invito a gozar de ella aunque sólo sea como remedio a la infelicidad. En modestas cápsulas de cuarenta y pico minutos.
Y siguiendo con sagas, es invitable referirse a la continuación de otra historia, la de “La Puerta Oscura”, gracias a la segunda parte de la trilogía de novelas del buen amigo David Lozano, en este caso titulada “El Mal”. Otro reencuentro con personajes, escenarios y misterios familiares para el lector, en un historia que transcurre en el territorio de los muertos. Y que ya acumula una buena tropa de fans. Así que seguro que David va a conseguir regalarnos otros ratos felices disfrutando de la aventura.
Porque ya se conoce esa manía de dividir a las personas en dos grupos. Los que aprietan el tubo de pasta de dientes por el centro y los que lo hacen por el final; los que les gusta el queso y los que no; y, por supuesto, a quienes les encantan las historias que terminan en “continuará…” y a quienes esto les da una rabia terrible. Queda claro que soy de los primeros.
Hay momentos en la vida que uno vincula a alguien a ciertos momentos. No descubro nada nuevo, pero la palabra de esas personas siempre me ha encantado: compañeros. Hay compañeros de clase, de fin de semana, de viajes veraniegos, de excursiones, de piso compartido, de campamentos, de travesía, de rodajes, de vida personal, de trabajo, de proyecto empresarial, de proyectos locos, de marrones, de ir al cine… La lista es larga y podría ampliarse por equis euros la respuesta. Algunos están ahí durante mucho tiempo, pero se les ve de vez en cuando. Otros nos acompañan durante intensos pero cortos períodos vitales. Otros vienen y van. Otros están siempre. Y otros, ni te enteras de que lo son hasta que echas la vista atrás.
Que de verdad… que no es por dar mal… que sí… que van tres años que venimos por aquí, y tres años que rascamos Oscars…
Pero nuestra vida sigue igual. Seguimos viendo todo desde la barrera, desde las ruedas de prensa. Nunca nos llega el pase para la fiesta de Madonna o de Elthon John. Siempre falla el servicio de correos. Debe de ser eso.
Así que este año tuvimos a Penélope con su flamante estatuilla a unas horas de recibirla en la entretenida gala de este año. Muy maja ella, guapa con el vestido vintage, y menos templada que el día anterior. Fue en el Hotel Mondrian, durante la rueda de prensa. Se la veía más suelta, más relajada y descaradamente feliz. Porque está claro que esto del Oscar no tiene nada que ver con ningún otro premio. Que por muy estupendo que uno sea, salvo excepciones como las de Woody Allen, vas y te plantas en la alfombra roja si te nominan. Y si eres algo bohemio dices que vas por el bien de la película, no porque la figura del amigo Oscar sea -siento la sencillez en el lenguaje- superguapa al natural y mole tenerla en tus manos. Nosotros pudimos rozarla con nuestros dedos en el 2007, gracias al megasimpático equipo del “Laberinto del Fauno”, pero a Pe este año le sentaba muy bien. Y, la verdad, será por ser de la misma quinta o por escenas como las de la cocina de “Todo es mentira”, que a mí siempre me ha gustado la Cruz.
Como anécdota para los nostálgicos del “Aquí hay tomate” -sé de uno que me va entender- circulaba por aquí el periodista famoso por aquello del “uyuyuyuyuiiiii”, que no impacta tanto como ver un Oscar, pero acabas diciéndole, “¡no jodas! ¿eras tú?”, y por un momento te olvidas de la Cruz. Luego vuelves a lo que toca.
Y al día siguiente, como Los Ángeles es muy recogidico, pues nos encontramos con Luis Alegre por la calle -al grito de “¡Maño!”- que iba con el hermano de Penélope. Les felicitamos mientras sonaba el móvil de Luis, que aclaraba a Eduardo: “Es tu hermana”.
En fin, que pasado el ciclón de la alfombra roja, hemos seguido moviéndonos por esta ciudad, a la que acaba de llegar otro “Pe”, nuestro colega Pele. Gracias a él tendremos reportajes gráficos, porque va bien armado de cámara de fotos y vídeos. Inevitablemente, las va a pasar canutas en algún momento con el tema del tabaco.
Si a estas alturas alguien tiene una remota curiosidad por nuestras particulares andanzas, sepan que quienes de verdad se están currando unos blogs con contenido, son ellos, Pele y Miki. Los enlaces:
Y termino con una curiosidad. Para aquellos a quienes comenté el asunto de la crónica del Heraldo, ahí va un jotapeg de la primera edición de lunes 23. La movida narró cómo estaba el ambiente en Los Ángeles horas antes del premio. Finalmente, como dio tiempo a sacar una segunda edición con la noticia del Oscar, mi pequeño texto quedó disperso en los Heraldos que salieron a primera hora de la rotativa. Así que salvo que leyerais la prensa en Salou o lejos de Zaragoza, es material desconocido. Contaba originalmente también la batallita de cuando Pe llamó a mi casa en 1996, pero eso es otra historia. Anyway, muchas gracias a la gente de Cultura de Heraldo de Aragón por acoger mis palabrejas.
Si en el anterior post hablaba de los momentos previos a una esperada visita, tras haberla hecho, me dejo de reflexiones sobre cine independiente y simplemente me limito a pronunciar una palabra muy básica sobre el hecho en sí: mola.
Natalia, la persona encargada de explicarnos todo el tema de los servicios de producción de los Estudios Universal para los rodajes que aquí en L.A. denominan independientes, fue simplemente encantadora con nosotros. Ya quisiéramos que algunas empresas patrias, por ejemplo en mi ciudad, fueran la mitad de amables de lo que han sido aquí. Porque se puede uno imaginar la pinta que tenemos Miki y yo como clientes potenciales. Vamos, unos mindundis incluso en el ámbito independiente.
Y, sin embargo, el recorrido en carrito de golf por los escenarios de un montón de películas o series conocidas fue extenso y alejado del rollo del parque temático que convive con las instalaciones productivas. Visitamos el interior de un Saloon, aterrizamos frente a una de las casas de “Hancock”, atravesamos la carretera apocalíptica de “La Guerra de los Mundos”, cruzamos alguna de las calles de “Piratas del Caribe”, y no pudimos entrar en la de Wisteria Lane por haber gente trabajando, ni pasear por la plaza de “Regreso al Futuro”, ya que está en construcción tras un aparatoso incendio.
Pero alejados de los escenarios reconocibles, deambulamos por la organizada nave de tres plantas de material de atrezzo, los almacenes de material eléctrico, los de maquinaria de rodaje y los talleres de construcción de decorados. Terminamos asistiendo al rodaje de una escena de “Entre Fantasmas” y hablando sobre mil cosas, hasta ponerle la cabeza como un bombo a la gente de servicios de producción. Gente cercana, que, lógicamente, te ofrecen sus servicios. Sabemos que cerca de esas oficinas -pero a un abismo de distancia estructural- habrá quién valore proyectos, lea guiones, vea películas, haga castings y cierre papeles. Y puede que eso sea lo que buscamos ingenuamente en la meca del cine, pero durante ese rato no nos importó nada de eso, porque allí claramente alguien estaba hablándonos como colegas del medio. Pequeños colegas en este caso, coleguillas si se quiere.
* No es el escenario de “Perdidos” donde está Miki, pero casi.
* ¿Una cabina de teléfono para tu película? Elige el modelo.
Se acercan los Oscar. y aunque este año no venimos con ningún encargo para la tele, el fenómeno Pe nos rozará algo.
De las cosas que nos están pasando a Miki y mí en este “viaje-iniciatico-de-crecimiento-personal” a Los Angeles, muchas me llaman la atención. Y una es la de las convenciones, la de llamar a las cosas de una manera y que ese concepto agrupe, como diría aquella, peras y manzanas. Que por otro lado, tampoco me parece necesariamente malo.
Vamos, que estábamos el otro día en un acto con el equipo de “Crepúsculo”, organizado por Film Independent -algo así como una asociación de cineastas que algún día, supongo, quieren de dejar de pertenecer a esa asociación- cuando caí en la cuenta del matiz. Porque es precisamente esa palabra, “independiente”, la que me cae simpática y no deja de hacerme gracia. Es un concepto que engloba a un abanico de gente que va desde Catherine Hardwicke, ya que “Crepúsculo” se considera una peli no muy sobrada de presupuesto, y al último cortometrajista salido de la USC. Y, de hecho, ahí estábamos ambos zaragozanos, tomando unos vinos con un montón de peña que daba la brasa a la directora, al supervisor de efectos especiales, al dire de foto o a la montadora. Así que formábamos parte del mismo espíritu, el independiente. Vivíamos esa ilusión. Palabra, por cierto, usada hasta la saciedad y de la que se pueden entender muchas cosas en el famoso libro “Sexo, Mentiras y Hollywood”, de Peter Biskind, con el que ya siento estar dando tanto a la brasa a mi entorno por tenerlo muy reciente en la cabeza.
Total, que ahí estábamos nosotros, sentadicos y cortados. Y en ésta que se nos acercan dos chicas muy simpáticas y nos tienden su tarjeta. Demonios, son de la Universal… Lo han descubierto, han olido nuestro talento, han venido donde están las nuevas promesas… Pero no, no era eso, incluso los Estudios -los no independientes- tienen en los pequeños un mercado estupendo. Porque nos pasaron tarifas para usar sus focos, sus ceferinos o rodar en la casa de “Psicosis”. Que para eso está, chicos, para usarla en tus rodajes independientes a módico precio.
Lo de siempre, grupo numeroso de lo que sea, mercado fijo para los grandes. Y si te despistas, en lugar de venderles tú algo, les compras el látigo de Indiana Jones. Aunque, todo sea dicho, se han interesado por nuestras cosas y esta semana nos vemos en los Estudios. ¿Qué acabaremos alquilando?
* Ropa de Miki a la derecha, la mía a la izquierda.
Última reflexión antes de una escapada un poco larga en la que seguro que mis pensamientos irán por otros derroteros.
Por diferentes circunstancias, las últimas semanas me han llevado al recurrente pensamiento del aragonés errante, que dice el Bunbury. Amigos míos han estrenado sus últimos cortos, como el de Eduardo, “Cócteles”, el de Fernando e Isabel, “Ondas”, o el coordinado por Leonor, Raquel y equipo, “Sesión de Terapia”; asistí a la pedazo de gala de los Premios de la Música Aragonesa, organizada por Aragón Musical; y he podido ver el avance del documental “Hijos del Cierzo / Al Este del Moncayo”, de Nebra, Martín, Martínez, Villanueva, Cisneros, García y compañía.
¿Y qué pasa con todo eso? ¿Qué tiene en común? Pues lo de siempre. Sobre el cine nada nuevo bajo el sol: el escasísimo interés que despierta como sector industrial en nuestra Comunidad, sobre todo si está hecho por los de aquí y estamos empezando eternamente. Por otra parte lo paradicos que estamos los generadores audiovisuales para hacernos escuchar. O lo sorprendente que resulta que un acto musical como el del Teatro Principal -de una calidad altísima, al igual que el avance del documental dirigido por Jorge Nebra- no tenga eco en una tele como la nuestra, que a pesar de la buena labor que está haciendo, debería estar más abierta a productos tan vivos como éste. Sí, es una gala de entrega de premios y se dice que no son televisivas. Pero cuando la excepción ocurre, se debería estar abierto a romper la norma. Mi amigo Néstor me comentó algo que ha dicho Carbonell los últimos días sobre todo esto. Y es que hay una realidad ahí fuera -musical y cinematográfica- que debería tener una respuesta hertziana más grande de la que ahora hay.
Lo cual -y ya me sabe mal ahondar en esta quejicosa actitud- me lleva a la foto siguiente, que conecta con el anterior post. Si el cachirulo viene de París, entonces nos parece una prenda estupenda.
La otra foto me la pasa Isabel Soria, y es menos reivindicativa y más divertida. Cachirulo hasta en las motos.